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La noche también se vende

Diademas, alarmas de inducción, publicidad dentro del sueño. Las últimas horas sin dueño ya tienen mercado. Qué dice la investigación, y qué no.

Verónica Blumentals8 min de lectura
La noche también se vende

Las últimas horas sin dueño

De día, casi todo tiene dueño: el tiempo de trabajo, la atención que se va en el móvil, incluso el descanso, que medimos con relojes y aplicaciones. Quedaban las horas del sueño. Ahí la psique hacía lo suyo sin pedir permiso y sin que nadie lo cobrara.

Eso está cambiando. No de golpe, ni casi nunca con malas intenciones, pero sí en una dirección clara: la noche se está convirtiendo en un mercado más.

Qué se ofrece hoy

Antifaces, diademas y promesas

Desde hace años se venden antifaces y bandas que detectan la fase REM y emiten luces o sonidos para que la persona se dé cuenta de que está soñando. En 2019, una revisión publicada en Frontiers in Neuroscience (Mota-Rolim y colaboradores) se preguntó si esos aparatos portátiles eran fiables. La respuesta, tal como la resumió después un editorial firmado, entre otros, por el mismo autor, fue desalentadora: de unos diez dispositivos comerciales, solo uno contaba con pruebas empíricas publicadas.

La oferta ha subido de nivel. En 2023, la empresa emergente Prophetic anunció una diadema que combina ultrasonido focalizado y electroencefalografía, por unos dos mil dólares, capaz, según sus creadores, de «inducir y estabilizar sueños lúcidos» (traducción nuestra). Hasta donde hemos podido comprobar, no hay pruebas revisadas por pares de su eficacia ni de su seguridad en humanos.

Alarmas, aplicaciones y pastillas

Las técnicas más difundidas pasan por interrumpir el sueño: despertarse de madrugada, mantenerse un rato despierto y volver a dormir con la intención de ser lúcido. Hay aplicaciones que programan esas alarmas. Hay también quien recurre a sustancias. En un ensayo doble ciego con placebo (LaBerge, LaMarca y Baird, 2018), con 121 participantes que además usaban esas técnicas de despertar e intención, la galantamina, un fármaco colinérgico, elevó la proporción de quienes tuvieron sueños lúcidos del 14 % con placebo al 27 % con la dosis baja y al 42 % con la alta.

Nada de esto es ilegal ni necesariamente peligroso. Pero conviene mirar el gesto: un medicamento para forzar un estado de consciencia dentro del sueño.

Y conviene recordar lo que se sabe de su eficacia. Una revisión sistemática de 35 estudios, en general de baja calidad (Stumbrys y colaboradores, 2012), concluyó que ninguna técnica de inducción había demostrado producir sueños lúcidos de forma fiable y constante.

Sembrar el sueño desde fuera

Del taller de ingeniería de los sueños del MIT Media Lab salió Dormio: un sensor en un guante y una aplicación que, justo cuando uno empieza a dormirse, propone un tema para soñar. Sus autores lo llaman incubación dirigida del sueño. Es un trabajo académico serio, publicado en 2020. Pero deja algo a la vista: la tecnología para sugerir desde fuera el contenido de un sueño ya existe.

Cuando la publicidad entra en el sueño

En febrero de 2021, antes de la Super Bowl, Molson Coors lanzó una campaña que, según la prensa, invitaba al público a ver un vídeo de noventa segundos antes de dormir y a escuchar después un paisaje sonoro durante ocho horas, con la promesa de soñar con su cerveza. La propia empresa reconoció que algunos participantes eran actores pagados.

La respuesta llegó desde la investigación. En junio de 2021, Robert Stickgold, Antonio Zadra y Adam Haar Horowitz encabezaron una carta abierta titulada «La publicidad en los sueños está llegando: ¿y ahora qué?». La firmaron varias decenas de especialistas en sueño, y pedía a la Comisión Federal de Comercio de Estados Unidos y a otros reguladores que actuaran. Una de las firmantes, la investigadora Sara Mednick, advirtió después en la prensa que durante el sueño somos muy vulnerables y que podríamos estar expuestos a estas técnicas sin saberlo.

No hace falta exagerar. Una campaña no demuestra que la industria sepa ya diseñar sueños. Pero la intención está escrita, y quienes estudian el sueño la tomaron en serio.

Lo que la investigación muestra sobre los costes, y lo que no

Aquí hay que ser honestos, porque es fácil convertir una advertencia razonable en un miedo sin fundamento.

Razones para la cautela

En 2019, Raphael Vallat y Perrine Ruby publicaron un artículo de opinión con una pregunta directa: ¿es buena idea cultivar los sueños lúcidos? Señalan que los métodos basados en despertarse de madrugada alteran el sueño: aumentan su fragmentación, modifican su arquitectura y reducen su duración. Describen la lucidez como un estado híbrido de consciencia, a medio camino entre el sueño y la vigilia. Y plantean una hipótesis: que ganar REM lúcido a costa del REM no lúcido podría alterar o disminuir el resultado de los procesos de regulación que ocurren mientras soñamos. Es una hipótesis, y aún no se ha puesto a prueba.

Un año antes, Aviram y Soffer-Dudek (2018) habían encontrado algo más concreto. Siguieron durante dos meses a un grupo de 78 estudiantes y observaron que la frecuencia de los sueños lúcidos no se relacionaba con problemas psicológicos, pero la inducción deliberada sí: predecía un aumento de la disociación y de los rasgos esquizotípicos. En sus palabras, la inducción deliberada «puede entrañar un riesgo negativo a largo plazo».

Los datos en sentido contrario

Pero hay otros datos, y hay que contarlos. Un estudio internacional sobre técnicas de inducción (Aspy, 2020) concluyó que lograr un sueño lúcido no empeoraba la calidad del sueño. Un trabajo transversal de Tadas Stumbrys (2023), con casi quinientos participantes, no encontró relación entre la frecuencia de los sueños lúcidos y un peor descanso o más disociación; la asoció, al contrario, a un mayor bienestar, aunque el propio autor advierte que obsesionarse con la inducción podría ser perjudicial. Y un análisis de relatos publicados en Reddit (Mallett y colaboradores, 2022) observó que las experiencias negativas se concentraban en los intentos fallidos, y que los beneficios que cuenta la gente van ligados, precisamente, a poder controlar el sueño.

En resumen: no está demostrado que la lucidez dañe el sueño. Tampoco que sea inocua cuando se fuerza. El campo sigue abierto, y quien asegure lo contrario, en cualquiera de los dos sentidos, está vendiendo algo.

La pregunta que no es técnica

Por eso mi objeción no descansa solo en los estudios. Aunque mañana se demostrara que inducir la lucidez no tiene ningún coste fisiológico, quedaría otra pregunta: ¿qué perdemos cuando la noche se convierte en un espacio más de objetivos, métricas y experiencias a la carta?

El sueño es uno de los pocos lugares donde se habla sin que el yo haya escrito el guion. Jung lo pensó como la voz de la psique. En Matemática del Alma damos un paso más, hacia la individuación del cuerpo: entendemos que quien sueña es el cuerpo, que tiene existencia propia y no es propiedad nuestra ni vehículo de la mente. Soñar es el cuerpo hablando. Las alarmas, las pastillas y las diademas actúan sobre el cuerpo para producir el estado que el yo desea, como si fuera un instrumento que afinar. Lo que proponemos a cambio no es ningún ejercicio corporal: es leer lo que el cuerpo dice en sus sueños.

Cuando llenamos la noche de alarmas, estímulos y metas, no solo cambiamos cómo dormimos. Cambiamos quién habla.

La noche no necesita que la optimicen. Necesita que la escuchen. Y escuchar no es quedarse de brazos cruzados: es aceptar la tarea que el sueño propone y cumplirla despierto, aunque no sea la que el yo habría elegido.

Escuchar un sueño es trabajo de día. En el diario de la app M del Alma puedes guardar lo que soñaste tal como llegó y anotar el día anterior, con qué se conecta en tu vida y la tarea que te propone. Sin aparatos que dirijan la noche: tu atención al despertar y tu respuesta durante el día.

Fuentes

  1. Mota-Rolim y colaboradores (2019). Portable Devices to Induce Lucid Dreams—Are They Reliable? Frontiers in Neuroscience. doi.org/10.3389/fnins.2019.00428
  2. Mota-Rolim, de Almondes y Kirov (2021). Editorial: «Is this a Dream?» Evolutionary, Neurobiological and Psychopathological Perspectives on Lucid Dreaming. Frontiers in Psychology. doi.org/10.3389/fpsyg.2021.635183
  3. CNBC (2023). AI startup Prophetic aims to build headset that lets you control dreams. CNBC. cnbc.com
  4. LaBerge, LaMarca y Baird (2018). Pre-sleep treatment with galantamine stimulates lucid dreaming: A double-blind, placebo-controlled, crossover study. PLOS ONE. doi.org/10.1371/journal.pone.0201246
  5. Stumbrys, Erlacher, Schädlich y Schredl (2012). Induction of lucid dreams: a systematic review of evidence. Consciousness and Cognition. doi.org/10.1016/j.concog.2012.07.003
  6. Haar Horowitz, Cunningham, Maes y Stickgold (2020). Dormio: A targeted dream incubation device. Consciousness and Cognition. doi.org/10.1016/j.concog.2020.102938
  7. The Hustle (2022). Are advertisers going to infiltrate our dreams? The Hustle. thehustle.co
  8. Stickgold, Zadra y Haar Horowitz (2021). Advertising in Dreams is Coming: Now What? Carta abierta, PubPub. dxe.pubpub.org
  9. Vallat y Ruby (2019). Is It a Good Idea to Cultivate Lucid Dreaming? Frontiers in Psychology. doi.org/10.3389/fpsyg.2019.02585
  10. Aviram y Soffer-Dudek (2018). Lucid Dreaming: Intensity, But Not Frequency, Is Inversely Related to Psychopathology. Frontiers in Psychology. doi.org/10.3389/fpsyg.2018.00384
  11. Aspy (2020). Findings From the International Lucid Dream Induction Study. Frontiers in Psychology. doi.org/10.3389/fpsyg.2020.01746
  12. Stumbrys (2023). Dispelling the shadows of the lucid night: An exploration of potential adverse effects of lucid dreaming. Psychology of Consciousness: Theory, Research, and Practice. doi.org/10.1037/cns0000288
  13. Mallett, Sowin, Raider, Konkoly y Paller (2022). Benefits and concerns of seeking and experiencing lucid dreams: benefits are tied to successful induction and dream control. Sleep Advances. doi.org/10.1093/sleepadvances/zpac027

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Verónica Blumentals

Matemática y guía

Matemática de formación, no psicóloga ni terapeuta. Fundadora de Matemática del Alma, donde guía el trabajo con sueños y el entrenamiento de la autoridad interior. No interpreta los sueños de nadie: enseña a leerlos.

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