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Si te das cuenta de que sueñas, no tomes el volante

La lucidez no es el problema; el problema es querer dirigir. Un sueño vale precisamente porque no lo escribiste tú.

Verónica Blumentals7 min de lectura
Si te das cuenta de que sueñas, no tomes el volante

Una moda con buenas intenciones

Hoy hay cursos, aplicaciones, diademas y vídeos que prometen enseñarte a volar, a elegir con quién te encuentras o a «diseñar» la noche a tu gusto. Y la experiencia es más corriente de lo que parece: un metaanálisis de cincuenta años de investigación (Saunders y colaboradores, 2016) calcula que alrededor del 55 % de las personas ha tenido al menos un sueño lúcido, y que cerca del 23 % tiene uno o más al mes.

No escribo contra la lucidez. Darse cuenta de que se sueña puede ser un momento de enorme presencia. Escribo contra algo más sutil y extendido: la idea de que, en cuanto llega la lucidez, lo natural es tomar el volante.

¿Para qué sirve un sueño que no elegiste?

Lo que el día deja fuera

Jung propuso que el sueño compensa la actitud consciente. Sus intérpretes lo resumen en tres casos: si la actitud del día es muy unilateral, el sueño trae lo contrario; si es razonablemente equilibrada, trae una variación; si es adecuada, la acompaña sin perder su autonomía. En los tres, el sueño hace algo que el yo no podría hacer solo: mostrar lo que queda fuera de su campo de visión.

En otro lugar, Jung describe el sueño como un autorretrato espontáneo, en forma simbólica, de la situación real del inconsciente. La palabra decisiva es espontáneo. El sueño vale porque no lo fabricó la voluntad.

Una carta escrita con otra letra

Me gusta pensar el sueño como una carta que llega de noche, escrita con una letra que no es la tuya. Puede ser incómoda, críptica, absurda. Pero trae información que no tenías.

Imagina ahora que, a mitad de la lectura, tomas el bolígrafo y empiezas a corregirla. Tachas lo que no te gusta, añades un final feliz, cambias al personaje que te asustaba por uno amable. Al terminar, la carta es más bonita. Y ya no dice nada que no supieras.

Si corriges la carta mientras la lees, al final solo estás leyendo tu propia letra.

Eso es lo que se pierde cuando la lucidez se vuelve control. El yo, que de día ya decide casi todo, entra también en el único espacio donde no manda y lo ordena a su gusto. Lo que el sueño venía a compensar se queda, precisamente, sin compensar.

Lucidez no es control

El marinero y el mar

Esta advertencia no viene solo de quienes miramos la lucidez con recelo. Robert Waggoner, expresidente de la International Association for the Study of Dreams y uno de los grandes defensores de la práctica lúcida, lo plantea en Lucid Dreaming: Gateway to the Inner Self (2008). Una suposición frecuente, escribe, es que quien sueña lúcidamente controla el sueño. Y responde que quienes sueñan lúcidamente dirigen su atención dentro del sueño, pero no lo controlan, «como el marinero no controla el mar» (traducción nuestra). Quienes se aferran a la idea de control, añade, limitan su experiencia y su comprensión.

En un artículo para la plataforma Jung Platform lo dice sin rodeos: «Ningún marinero controla el mar. Solo un marinero necio diría algo así». Los paisajes y los escenarios nuevos del sueño, explica, aparecen solos, de forma automática e inconsciente.

Waggoner propone usar la lucidez para dirigir preguntas a lo que llama la conciencia que hay detrás del sueño, pero comparte la premisa: el sueño tiene una vida que no es la del yo.

Lo que dicen algunos junguianos de hoy

This Jungian Life, el pódcast de los analistas junguianos Lisa Marchiano, Deborah Stewart y Joseph Lee, dedicó en noviembre de 2025 un episodio a los sueños lúcidos con una pregunta en el título: ¿hemos convertido un espacio sagrado en un patio de juegos? Su postura no es de rechazo, sino condicional. Advierten que podemos usar el sueño como patio de juegos —«la mayoría intenta volar»— y perder oportunidades importantes, y que imponer una agenda rígida puede socavar lo que el sueño intenta enseñarnos. Proponen tratar a sus figuras «como portadoras de una función psíquica y de información oculta, más que como blancos que dominar».

La tentación del volante

¿Por qué atrae tanto dirigir? Porque el sueño nos pone en situaciones que nunca elegiríamos: persecuciones, casas desconocidas, escenas que avergüenzan. La lucidez parece ofrecer una salida: si sé que es un sueño, puedo cambiarlo.

Pero el deseo de cambiarlo suele ser la misma actitud que el sueño señalaba. Si mi vida gira en torno a evitar el conflicto y el sueño me pone frente a uno, cambiar la escena no es libertad. Es repetir el patrón con más eficacia.

El cuerpo es quien sueña

Jung trabajó la individuación de la psique. El método de Matemática del Alma va más allá, hacia la individuación del cuerpo. Solemos decir «mi cuerpo», como si fuera una propiedad o el vehículo de la mente. En Matemática del Alma entendemos lo contrario: el cuerpo tiene existencia propia, y el yo solo lo conoce en parte.

El cuerpo es quien sueña. Soñar es el cuerpo hablando, y las imágenes son su lenguaje, que se lee de forma simbólica. Por eso dirigir el sueño es interferir en el habla del propio cuerpo, en el único momento del día en que tiene la palabra.

No es una técnica somática ni hay ejercicios: el cuerpo entra como quien sueña, y se le escucha leyendo sus sueños. Es una posición del método, no un hallazgo de laboratorio.

Si despiertas dentro del sueño

La lucidez a veces llega sola, y no hace falta despertarse a la fuerza ni sentir culpa: puede ser una ocasión de atención, no de mando. Jung describió la imaginación activa como una manera de entrar en las imágenes con las propias reacciones, tomándolas tan en serio como si fueran reales, sin ponerse a dirigirlas. Es un buen modelo también para la lucidez.

Tres gestos sencillos para la noche. La acción viene después, de día.

1. Pregunta

En lugar de cambiar la escena, pregunta. A la figura que tienes delante: «¿Quién eres?», «¿Qué haces aquí?». No exijas una respuesta concreta. Recibe lo que llegue, aunque sea un silencio o un gesto.

2. Mira

Fíjate en los detalles: los colores, la luz, la ropa de quien te acompaña. La lucidez puede servir para ver mejor, no para editar.

3. No dirijas

Si sientes el impulso de volar, de borrar a alguien o de cambiar el final, nótalo. Ese impulso también es información: dice algo de lo que tu yo no quiere sostener. Quédate un momento más y deja que el sueño siga su curso. No dirigir no es cruzarse de brazos: es guardar la acción para el día, donde el sueño la pide.

Al despertar empieza el trabajo

Dejar el sueño libre no es pasividad. La alternativa a dirigirlo es aceptar la tarea que el sueño propone y cumplirla despierto, aunque no sea la que habrías elegido. Dirigir es actuar dentro del sueño, al servicio de lo que el yo quiere; responder es actuar en la vida, al servicio de algo que el yo no escribió. El yo trabaja al responder —lee, decide, renuncia—, pero no escribe el encargo.

Empieza al escribir el sueño con calma, anotar el día anterior y buscar con qué se conecta en tu vida. Luego viene lo decisivo: preguntarte qué tarea te deja y llevarla a cabo. Los sueños siguientes suelen responder, y la carta que no escribiste se convierte en conversación.

Si quieres trabajar así tus sueños, el diario de la app M del Alma está pensado para eso: guardar el sueño tal como llegó y anotar el día anterior, lo que conecta y la tarea que te deja, y ver después qué responden los sueños siguientes. Sin corregir la carta: aprendiendo a leerla y a responderla.

Fuentes

  1. Jung, C. G. (1948). General Aspects of Dream Psychology y On the Nature of Dreams. Collected Works, vol. 8, Princeton University Press.
  2. Jung, C. G. (1955–1956). Mysterium Coniunctionis. Collected Works, vol. 14, Princeton University Press.
  3. Saunders, Roe, Smith y Clegg (2016). Lucid dreaming incidence: a quality effects meta-analysis of 50 years of research. Consciousness and Cognition. doi.org/10.1016/j.concog.2016.06.002
  4. Waggoner, R. (2008). Lucid Dreaming: Gateway to the Inner Self. Moment Point Press. redwheelweiser.com
  5. Waggoner, R. (s. f.). Do lucid dreamers control the dream? Jung Platform. jungplatform.com
  6. Marchiano, Stewart y Lee (2025). LUCID DREAMING: Have we turned sacred space into a playground? This Jungian Life (pódcast). thisjungianlife.com

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Verónica Blumentals

Matemática y guía

Matemática de formación, no psicóloga ni terapeuta. Fundadora de Matemática del Alma, donde guía el trabajo con sueños y el entrenamiento de la autoridad interior. No interpreta los sueños de nadie: enseña a leerlos.

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